Albert Ellis nació en Pittsburgh. Pennsvlvania. en 1913. Recibió su
doctorado en psicología clínica de la Universidad de Columbia en 1947.
Es conocido entre los psicólogos principalmente por su teoría y terapia
racional emotiva. En una encuesta realizada entre más de 800 psicólogos
en relación con su práctica terapéutica, Garíield y Kurt (1976)
descubrieron que la psicoterapia racional emotiva era practicada más
extensamente que la terapia centrada en el cliente.
Modelo racional emotivo
En un grado individual, los factores cognoscitivos pueden jugar un
papel extremadamente importante en el desarrollo y funcionamiento de la
personalidad. Ellis (1958) ha resaltado largamente el papel de la
teorización cognoscitiva y sus aplicaciones terapéuticas. Ha
relacionado las estructuras cognoscitívas con los procesos emocionales
y de motivación. Señala las verbalizaciones fallidas irreales y
ocultas, las oraciones "compuestas", el pensamiento irracional, los
valores inapropiados y los objetivos irreales (1974). Igual que Rotter,
también ha dado mucha importancia a las autoexpectativas fallidas. Se
refiere a las autoexpectativas irrazonables de manera especial. I,as
llama "los debieras extremos" (1975). Ellis es uno de los pioneros en
el uso de los métodos cognoscitivos para obtener control de los estados
afectivos. La reestructuración cognoscitiva en sus diversas variedades
se ha vuelto un enfoque terapéutico muy popular.
Control de las emociones por medio del razonamiento correcto
Ellis afirma que pensar correctamente es un medio excelente de
adquirir control emocional. Nuestros constructos cognoscitivos influyen
en los estados afectivos que experimentamos. El despertar emocional
depende de los tipos de información que recibimos y de las
interpretaciones que derivamos de lo que percibimos. Ellis cree que es
posible controlar las reacciones emocionales no deseadas pensando con
claridad. Dice: "Hemos insistido que pensar claramente conduce a
emociones sanas. La estupidez, la ignorancia y los trastornos bloquean
el pensamiento recto y producen grados graves de sobreemocionalismo o
de subemocionalismo" (1975, pág. 38).
Conducta emocional y control cognoscitivo
Cuando las emociones son muy elevadas, el funcionamiento
cognoscitivo está muy deteriorado. Con frecuencia hablamos de conducta
emocional. La implicación es que las fuerzas de control son emociones
en vez de constructos autorreguladores cognoscitivos. La conducta
emocional con frecuencia es irreal y mal adaptada. Durante el punto
máximo de un episodio emocional, todos los esfuerzos para suprimir la
emoción y la conducta impulsiva pueden fallar. El momento para
controlar las emociones es cuando la razón puede tomar las riendas, es
decir, cuando las emociones no están excitadas. Podemos aprender y
probar estrategias de control cognoscitivo. Los términos importantes
son aprender y probar. Igual que otros teóricos cognoscitivos, Ellis
sostiene que podemos aprender estrategias cognoscitivas efectivas de
diversas fuentes. Podemos elaborarías nosotros mismos beneficiándonos
de los errores pasados o anticipando los errores y previniéndolos.
Podemos aprender de la experiencia directa o vicariamente, como señala
Bandura, observando la manera en que los demás manejan las situaciones
problemáticas. Luego podemos probar autoinstrucciones, o lo que Ellis
llama autoverbalizaciones.
Lo que nos decimos a nosotros mismos
Hemos señalado que Ellis subraya el papel de las
autoverbalizaciones. De acuerdo con Meichenbaum, (1978), Ellis sostiene
que continuamente vigilamos nuestra conducta. Además, expresamos
comentarios favorables o desfavorables de nosotros mismos en relación
con la eficacia de nuestra conducta. Este diálogo interno y "esta
autoevaluación continua influyen directamente en los estados
emocionales. Ellis subraya repetidamente que muchas experiencias
emocionales se generan por lo que nos decimos a nosotros mismos acerca
de las cosas que suceden. La autocrítica puede ocurrir frecuentemente.
Un joven es rechazado por la muchacha a quien le pidió una cita, y éste
se deprime en exceso y se lamenta de sí mismo. Puede proceder a
elaborar la crítica diciéndose muchas cosas nada halagadoras. Puede
criticarse a sí mismo por ser poco popular, poco atractivo para las
mujeres, inepto y despreciable. Su autocondenación va más allá del
rechazo infortunado, incluso hasta el punto de la autocondenación
total. Ha producido una reacción emocional extremadamente desagradable
por su propia interpretación y elaboración de los hechos. La mayor
parte de su diálogo interno no tiene nada que ver con la realidad. Si
hubiera experimentado la situación en forma diferente, habría probado
alguna incomodidad emocional temporal, pero no las emociones
debilitantes relacionadas con e! autodesprecio.
Oraciones compuestas
En el ejemplo del joven que fue rechazado, podemos ver e)
funcionamiento de lo que Ellis llama oraciones compuestas. La
interpretación de los hechos fue elaborada. Sus autoverbalizaciones
introducen elementos simplemente irrelevantes para el acontecimiento y
probablemente no verdaderos. Permitió que su estado de ánimo
desagradable suscitara interpretaciones falsas que compusieran el dolor
de los hechos. Tenemos un ejemplo de un círculo vicioso, en el cual la
interpretación falsa produce un estado aversivo, el cual, a su vez,
conduce a mayores autoafirmaciones irracionales compuestas. Estas
agravan más la reacción afectiva. Aquí "podemos apreciar una similitud
del uso de Ellis de los círculos viciosos y el concepto semejante de
Horney (1950). Tomada en su perspectiva apropiada, la situación no es
atípica: todos hemos sido rechazados por alguien. La mujer lo rechazó
para una cita. Ella no dijo que fuera inferior, indigno de ser amado ni
inaceptable para cualquiera.
Establecimiento de conclusiones invalidas
Una mujer que ha tenido pocas citas puede decirle a un consejero
que no es popular. Entonces revela que tiene una opinión pobre de sí
misma. Puede hacerse aún otras afirmaciones derogatorias. Ellis
llamaría a este tipo de razonamiento disfuncional, porque implica el
establecimiento de conclusiones inválidas. En nuestro esfuerzo por
obtener un panorama no distorsionado de nosotros mismos y de los
acontecimientos que tienen lugar en nuestra vida, a menudo vamos
demasiado lejos y sacamos conclusiones que simplemente no surgen de las
pruebas. Una premisa puede ser válida (la mujer, de hecho, puede no ser
popular), pero las deducciones que establece a partir de esta premisa
pueden ser injustificables. E! resultado no sólo es una lógica
deficiente, sino un estado emocional altamente trastornado y
disfuncional. Si ella hubiera establecido las deducciones "apropiadas”,
sus reacciones habrían sido totalmente diferentes.
Errores comunes del pensamiento
Ellis (1962; 1971) especifica algunos errores comunes del
pensamiento que provocan reacciones emocionales fallidas y conducen a
oraciones compuestas. Nuevamente, debe recordarse que las emociones
siguen al conocimiento, y si la percepción e interpretación que hace
una persona en relación con un acontecimiento es incorrecta, la
experiencia emocional puede ser totalmente inapropiada. El estado
emocional es apropiado para el tipo de pensamiento que tiene una
persona, pero si el pensamiento es erróneo, las emociones que ocurren
serán disfuncionales y conducirán a conductas irracionales, El
pensamiento correcto es esencial para el control emocional. Aunque
nuestras emociones dependen de nuestros procesos cognoscitivos cuando
las emociones son intensas, podemos estar tan atrapados en nuestros
problemas que no podamos razonar para enfrentarnos a ellos. Conocer
algunos errores del pensamiento debe capacitarnos para protegernos de
ellos.
Sobregeneralización
Un error común del pensamiento es sobregeneralizar a partir de
cosas sencillas. Podemos concluir que somos un fracaso a raíz de un
error particularmente doloroso. Razonamos en forma incorrecta de la
siguiente manera: "Hice algo torpe; por tanto, soy un necio." Este es
un ejemplo de sobregeneralización —sacar una conclusión injustificable
de una ocurrencia sencilla. La tendencia a generalizar es más primitiva
que la capacidad para hacer discriminaciones finas. Un error puede ser
resultado de la falta de atención o de capacidad inadecuada, pero no
debe tomarse como prueba de falta de autoeficiencia (Bandura, 1977),
con ¡o que Bandura quiere decir seguridad en sí mismo.
Respecto de la tendencia a sobregeneralizar, Dollard y Miller
(1950) han notado que las denominaciones verbales fallidas pueden ser
su fuente. Una de nuestras funciones cognoscitivas más útil es el uso
de símbolos lingüísticos para nombrar las cosas. Podemos nombrar
incontables objetos, acontecimientos, experiencias, personas, emociones
y muchas más. Si nombramos un acontecimiento incorrectamente, como al
decir que una tarea es espantosa, reaccionaremos aja situación conforme
al dictado de la denominación verbal. Si cometemos un error y nos
decimos a nosotros misinos que fue estúpido que actuáramos de esa
manera irracional, experimentaremos sentimientos negativos intensos
sobre nosotros mismos. Dollard y Miller, llaman a esta forma
generalización mediada, porque los sirven como mediadores
cognoscitivos.
Los mediadores lingüísticos también juegan un papel significativo
en la formación de discriminaciones apropiadas. Los seres humanos
tienen una gran capacidad para hacer discriminaciones finas y para
asignar denominaciones verbales con el fin de designar cosas
específicas. Esta capacidad nos permite conocer los acontecimientos de
nuestro mundo en gran detalle, así como en una pauta compleja.
Además de conocer nuestro mundo, Ellis subraya que .podemos
asignar un valor a un acontecimiento, de acuerdo a una dimensión de
penalidad, mérito o responsabilidad personal. Nombrar apropiadamente
los acontecimientos nos protegerá contra la tendencia a
sobregeneralizar o exagerar su gravedad. ¿Que tan grave es una
abolladura en el guardafangos del automóvil? Depende de nuestro diálogo
interno. Si hacemos "catastrófico" el acontecimiento (una tendencia que
ocurre entre neuróticos, según Ellis) probablemente sobregeneralicemos
su significado. Ellis observa que el neurótico por lo regular vuelve
catastróficos los ¡lechos ordinarios de la vida diaria. Con esto quiere
decir que los dominan mal y por consiguiente reaccionan exageradamente
a las experiencias ordinarias de tensión (1975).
Pensamiento todo o nada
Otro error común del pensamiento es separar los acontecimientos en
clases todo o nada. Es más difícil hacer discriminaciones finas que
simplemente categorizarlos hechos en clases discretas. El amante
defraudado dice: "Si no puedo tener todo tu amor, no quiero nada." El
joven soñador dice: "El mundo es completamente perfecto, o es
despreciable." El estudiante descontento afirma: "Debido a que una
educación escolar no soluciona todos mis problemas, es inservible."
Quizá nuestros esfuerzos para vivir serían más fáciles si las cosas
fueran categorizadas nítidamente, pero pocas veces lo son. Hay grados
de verdad, de deseabilidad, de justicia. Nuestros procesos de
evaluación necesitan reflejar la dimensión de las cosas. De nuevo,
utilizar los símbolos verbales apropiados para nombrar los
acontecimientos J3uede ayudarnos a evitar el pensamiento todo o nada.
Interpretación en vez de descripción
Ellis distingue entre interpretar y manifestar nuestras
experiencias. Podemos agregar elementos a nuestras percepciones de los
acontecimientos que son irrelevantes o injustificables, y por
consiguiente distorsionan completamente su significado. El proceso de
percepción incluye la interpretación, debido a que los estímulos que
llegan activan asociaciones previas. Sin embargo, los elementos
cognoscitivos que agregamos pueden distorsionar tanto la percepción que
representa más una interpretación que una percepción. Un trabajador
puede describirse a sí mismo como sólo un obrero, afirmación que denota
una categoría desfavorable. En este caso, el término sólo implica un
juicio de valor; por tanto, la afirmación del trabajador es más bien
una interpretación que una descripción de sí mismo. Podemos distinguir
entre una manifestación objetiva y una interpretación subjetiva. El
hecho es que, como hemos mencionado, toda la percepción implica
interpretación, pero la cuestión es un asunto de grado de
correspondencia.
Cuando interpretamos un acontecimiento, nuestro juicio por lo
general lo dictan nuestros valores, nuestras experiencias previas,
nuestras expectativas y otras variables cognoscitivas. Esas variables
pueden hacer que cometamos errores graves en la interpretación. La
simbolización correcta es esencial para precisar la percepción y la
interpretación.
La correlación confundida con la causalidad
Un error común de! pensamiento es que dos cosas que ocurren juntas
—o una después de otra— se relacionan como causa y efecto. Muchas
supersticiones se producen por una vinculación accidental de
acontecimientos no relacionados. La mala suerte puede seguir a una
conducta o a un acontecimiento particular, y entonces se culpa a la
mala suerte por esas ocurrencias. Una persona que está de mal humor
puede culpar a la persona que se encuentra con ella. Los hijos de
hogares destruidos a menudo se culpan a sí mismos por el divorcio. Un
superviviente de un accidente puede experimentar un sentido de culpa
por la pérdida de su amigo (Bettelheim, 1967). Una forma común del
pensamiento correlacionado es culparnos a nosotros mismos por no tener
suficiente control de nuestras circunstancias para prevenir o evitar
problemas. Si experimentamos un estado emocional desagradable como
resultado de un problema no resuelto, podemos culparnos a nosotros
mismos aunque realmente no tengamos control sobre ia situación. En
estos casos, una persona puede suponer, sin reconocerlo, que siempre
está controlando sus circunstancias y por tanto culparse a sí misma
innecesariamente cuando las cosas van mal.
Un ejemplo notable de la formación del pensamiento supersticioso
ocurrió durante la Edad Media, cuando las personas enfermaban con
frecuencia a causa de la ingestión de alimentos contaminados. La
población judía de esa área no contrajo la enfermedad debido a sus
requerimientos dietéticos religiosos. En consecuencia, fueron acusados
de causar la epidemia, y en algunos casos fueron ahuyentados o
asesinados como castigo. Nuevamente, nos enfrentamos a un error común
de deducción lógica, pero para Ellis (1962) ese pensamiento falaz tiene
consecuencias emocionales y motivacionales graves.
Los dialécticos han delineado desde hace mucho tiempo las diversas
formas de pensamiento y razonamiento ilógicos. Ellis y Harper (1975)
las relacionan con e¡ mal funcionamiento de la personalidad y la
conducta. A! igual que Bandura, Rotter y Mischel, Ellis asigna un papel
central a los procesos cognoscitivos en el funcionamiento normal y
anormal.
Oraciones no expresadas
Ellis y Harper (1975) introducen la idea de oraciones no expresadas
para designar suposiciones, valores o expectativas de las que no nos
damos cuenta. Las oraciones no expresadas se refieren a creencias y
suposiciones que una persona sostiene pero que no se las dice a sí
misma o al terapeuta. No están en la conciencia inmediata de la
persona. Una persona puede experimentar una emoción intensa sin conocer
la causa. Asimismo, una persona afligida por su propia conducta y sus
reacciones a menudo no puede verbalizar las razones para sí misma o
para los demás. Freud hablaba de determinantes inconscientes de la
conducta en dichos casos; Ellis los ve como falta de conciencia de
suposiciones ocultas. Las verbalizaciones internas de la persona no
están completas. Nuestras secuencias de pensamiento y razonamiento a
menudo están abreviadas e incompletas. Analícese esta afirmación "Estoy
enojado porque no obtuve una buena calificación para este curso." Hay
muchas premisas no expresadas, las cuales, si se declararan
explícitamente, podrían alterar por completo las reacciones de la
persona. Por ejemplo: "Merezco sólo buenas calificaciones en todos los
cursos, pero no recibí una buena calificación en éste." "Siempre que no
obtengo lo que deseo, me enojo con alguien más." "El enojo es una forma
apropiada para responder ante los contratiempos." "Lo único que importa
en la escuela es obtener buenas calificaciones." Podemos encontrar
otras deducciones de la simple observación del estudiante. Uno de los
primeros psicólogos cognoscitivos, T.V. Moore (1939), describió este
tipo de razonamiento como premisas no declaradas. Ellis y Harper (1975)
se refieren a ellas como oraciones no expresadas.
Una persona puede estar muy trastornada en las relaciones con sus
padres y tal vez no entienda la razón ni sea capaz de controlar sus
reacciones. La oración interna no reconocida por la persona puede ser
algo como esto: "Mis padres son realmente injustos porque me tratan
como un niño." Como habíamos mencionado en el ejemplo de la
calificación deficiente, en realidad hay diversas oraciones no
expresadas en esta situación. Un hábiio intenso de no ser crítico de
los padres puede bloquear la conciencia de la persona acerca de esas
suposiciones no reconocidas y no expresadas.
En las áreas sensitivas, nuestros procesos de pensamiento y
razonamiento pueden estar muy incompletos y distorsionados (Ellis
1973). La tarea principal de la psicoterapia racional emotiva es traerá
la conciencia las creencias y suposiciones ocultas y ayudar al paciente
a contrarrestarlas, refutarlas o desafiarlas. Probablemente, la
irracionalidad del pensamiento y el razonamiento de una persona puedan
experimentarse con claridad, condición que fomenta el cambio. El
proceso de cambio requiere reestructuración cognoscitiva (Ellis y
Harper, 1975). La persona logra apreciar la irracionalidad de sus
expectativas y trabaja para modificarlas. La conciencia plena del
proceso del pensamiento ayuda a lograr el cambio en la conducta (Ellis,
1962).
Muy frecuentemente respondemos de manera automática a situaciones
sin percibir siquiera nuestras suposiciones subyacentes. Las oraciones
internas "cuando no son expresadas impiden el manejo de sí mismo debido
a que reaccionamos y actuamos basándonos únicamente en información
parcial o distorsionada. La sobreacción emocional con frecuencia se
debe a este tipo de cognición trastornado (Ellis, 1974).
Otra consecuencia de las premisas, suposiciones y creencias no
reconocidas es que nuestras verbalizaciones internas no reflejan en
modo alguno el estado o problema real que estamos describiendo. Las
personas que presentan problemas emocionales graves o incluso las
personas relativamente normales que se encuentran bajo tensión pueden
encontrar difícil revelar los problemas y sentimientos verdaderos que
están experimentando. La clasificación es un aspecto clave de la
terapia que intenta fomentar la perspicacia. Lo que la persona se dice
a sí mismo o le dice al terapeuta con frecuencia es un retrato
inadecuado de las condiciones verdaderas.
Suposiciones y creencias no expresadas
Ellis, igual que los demás teóricos que hemos considerado, elaboró
un poderoso postulado y lo desarrolló extensamente. Ha notado con
frecuencia que nuestras emociones siguen a nuestros conocimientos. Si
nos dedicáramos a una actividad ^cognoscitiva disfuncional,
experimentaríamos reacciones emocionales desadaptativas que nos
conducirían a una conducta fallida. Lo que nos decirnos a nosotros
mismos sobre nosotros mismos y los hechos que nos rodean y los que
están dentro de nosotros, influyen la manera en que sentimos y nos
comportamos. Citando a Ellis y Harper: "Usted puede controlar
considerablemente su propio destino y vida de manera más eficaz con sus
emociones por medio del control de su pensamiento y de las cosas que se
dice a sí mismo. Hay ciertas ideas irracionales que no sólo debemos
desafiar, sino que debemos trabajar para contrarrestarlas" (Ellis y
Harper, 1975, capítulo 20).
Si la conducta y las emociones fallidas dependen del pensamiento y
el razonamiento fallidos, entonces podemos preguntarnos sobre las
fuentes del pensamiento fallido mismo. ¿Qué hace que falle nuestro
pensamiento? Ellis afirma que una causa principal son las creencias y
suposiciones falsas que no se han reconocido. Intenta identificar
algunas suposiciones erróneas comunes en su libro de 1975. Debemos
tener en cuenta que cada persona tiene sus suposiciones y creencias
únicas, pero algunas son bastante comunes. Indudablemente, las
suposiciones y creencias de las personas de otras culturas y de otras
épocas serían diferentes. Un enfoque racional de la vida requiere que
estemos conscientes de esos constructos cognoscitivos ocultos y que los
contrarrestemos.
Creencias y suposiciones características no reconocidas
1. Debemos ser amados y aprobados por casi todas las personas que
conocemos y encontramos. No caerle bien a los demás significa que
tenemos una debilidad o un defecto.
2. Debemos ser altamente competentes, adecuados y exitosos en
todos los aspectos posibles si queremos pensar bien de nosotros mismos.
3. Tenemos derecho a esperar que nuestros amigos demuestren su
lealtad y su simpatía por nosotros, y debemos enojarnos o disgustarnos
cuando no llenan esas expectativas. Las personas importantes para
nosotros deben satisfacer nuestros ideales perfeccionistas.
4. Estamos justificados para pensar que es terrible o catastrófico cuando las cosas no son lo que queríamos que fueran.
5. Estamos justificados para creer que somos víctimas de las
circunstancias externas y que no podemos hacer mucho acerca de nuestra
suerte en la vida.
6. Si algo es potencialmente peligroso o problemático, debemos
mantener nuestros pensamientos constantemente centrados en el problema
hasta que podamos cambiarlo.
7. Debido a que no podemos ser buenos en todo, debemos evitar
ciertas dificultades de la vida. Tenemos muchas limitaciones en
comparación con las habilidades de los demás.
8. Nuestro pasado es el determinante más importante de nuestra
conducta presente. Cualquier cosa que haya afectado intensamente
nuestra vida será para siempre un problema y una debilidad. No podemos
superar algunas cosas del pasado.
9. Todos y cada uno de nuestros problemas-tienen una solución, y
es catastrófico si no hallamos esa solución. Comprometerse y aceptar
menos de lo que deseamos son debilidades. Si no solucionamos todos
nuestros problemas, seremos culpables (Adaptado de Ellis y Harper,
1975, capítulo 20).2
Nota: Ellis presenta su sistema en un formato simplificado (A-B-C-D), en el cual:
A es la condición activadora, el hecho, como una defensa abollada o
el rechazo de una cita. E es el sistema de creencias de la persona (que
entra en la interpretación de la importancia del hecho. C son las
consecuencias que resultan del proceso interpretativo, la conducta
disfuncional. D es el proceso terapéutico de refutar el sistema de
creencias.
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