martes, 17 de febrero de 2009

Albert Ellis nació en Pittsburgh. Pennsvlvania. en 1913. Recibió su doctorado en psicología clínica de la Universidad de Columbia en 1947. Es conocido entre los psicólogos principalmente por su teoría y terapia racional emotiva. En una encuesta realizada entre más de 800 psicólogos en relación con su práctica terapéutica, Garíield y Kurt (1976) descubrieron que la psicoterapia racional emotiva era practicada más extensamente que la terapia centrada en el cliente.


Modelo racional emotivo

En un grado individual, los factores cognoscitivos pueden jugar un papel extremadamente importante en el desarrollo y funcionamiento de la personalidad. Ellis (1958) ha resaltado largamente el papel de la teorización cognoscitiva y sus aplicaciones terapéuticas. Ha relacionado las estructuras cognoscitívas con los procesos emocionales y de motivación. Señala las verbalizaciones fallidas irreales y ocultas, las oraciones "compuestas", el pensamiento irracional, los valores inapropiados y los objetivos irreales (1974). Igual que Rotter, también ha dado mucha importancia a las autoexpectativas fallidas. Se refiere a las autoexpectativas irrazonables de manera especial. I,as llama "los debieras extremos" (1975). Ellis es uno de los pioneros en el uso de los métodos cognoscitivos para obtener control de los estados afectivos. La reestructuración cognoscitiva en sus diversas variedades se ha vuelto un enfoque terapéutico muy popular.

Control de las emociones por medio del razonamiento correcto
Ellis afirma que pensar correctamente es un medio excelente de adquirir control emocional. Nuestros constructos cognoscitivos influyen en los estados afectivos que experimentamos. El despertar emocional depende de los tipos de información que recibimos y de las interpretaciones que derivamos de lo que percibimos. Ellis cree que es posible controlar las reacciones emocionales no deseadas pensando con claridad. Dice: "Hemos insistido que pensar claramente conduce a emociones sanas. La estupidez, la ignorancia y los trastornos bloquean el pensamiento recto y producen grados graves de sobreemocionalismo o de subemocionalismo" (1975, pág. 38).


Conducta emocional y control cognoscitivo
Cuando las emociones son muy elevadas, el funcionamiento cognoscitivo está muy deteriorado. Con frecuencia hablamos de conducta emocional. La implicación es que las fuerzas de control son emociones en vez de constructos autorreguladores cognoscitivos. La conducta emocional con frecuencia es irreal y mal adaptada. Durante el punto máximo de un episodio emocional, todos los esfuerzos para suprimir la emoción y la conducta impulsiva pueden fallar. El momento para controlar las emociones es cuando la razón puede tomar las riendas, es decir, cuando las emociones no están excitadas. Podemos aprender y probar estrategias de control cognoscitivo. Los términos importantes son aprender y probar. Igual que otros teóricos cognoscitivos, Ellis sostiene que podemos aprender estrategias cognoscitivas efectivas de diversas fuentes. Podemos elaborarías nosotros mismos beneficiándonos de los errores pasados o anticipando los errores y previniéndolos. Podemos aprender de la experiencia directa o vicariamente, como señala Bandura, observando la manera en que los demás manejan las situaciones problemáticas. Luego podemos probar autoinstrucciones, o lo que Ellis llama autoverbalizaciones.


Lo que nos decimos a nosotros mismos
Hemos señalado que Ellis subraya el papel de las autoverbalizaciones. De acuerdo con Meichenbaum, (1978), Ellis sostiene que continuamente vigilamos nuestra conducta. Además, expresamos comentarios favorables o desfavorables de nosotros mismos en relación con la eficacia de nuestra conducta. Este diálogo interno y "esta autoevaluación continua influyen directamente en los estados emocionales. Ellis subraya repetidamente que muchas experiencias emocionales se generan por lo que nos decimos a nosotros mismos acerca de las cosas que suceden. La autocrítica puede ocurrir frecuentemente. Un joven es rechazado por la muchacha a quien le pidió una cita, y éste se deprime en exceso y se lamenta de sí mismo. Puede proceder a elaborar la crítica diciéndose muchas cosas nada halagadoras. Puede criticarse a sí mismo por ser poco popular, poco atractivo para las mujeres, inepto y despreciable. Su autocondenación va más allá del rechazo infortunado, incluso hasta el punto de la autocondenación total. Ha producido una reacción emocional extremadamente desagradable por su propia interpretación y elaboración de los hechos. La mayor parte de su diálogo interno no tiene nada que ver con la realidad. Si hubiera experimentado la situación en forma diferente, habría probado alguna incomodidad emocional temporal, pero no las emociones debilitantes relacionadas con e! autodesprecio.


Oraciones compuestas
En el ejemplo del joven que fue rechazado, podemos ver e) funcionamiento de lo que Ellis llama oraciones compuestas. La interpretación de los hechos fue elaborada. Sus autoverbalizaciones introducen elementos simplemente irrelevantes para el acontecimiento y probablemente no verdaderos. Permitió que su estado de ánimo desagradable suscitara interpretaciones falsas que compusieran el dolor de los hechos. Tenemos un ejemplo de un círculo vicioso, en el cual la interpretación falsa produce un estado aversivo, el cual, a su vez, conduce a mayores autoafirmaciones irracionales compuestas. Estas agravan más la reacción afectiva. Aquí "podemos apreciar una similitud del uso de Ellis de los círculos viciosos y el concepto semejante de Horney (1950). Tomada en su perspectiva apropiada, la situación no es atípica: todos hemos sido rechazados por alguien. La mujer lo rechazó para una cita. Ella no dijo que fuera inferior, indigno de ser amado ni inaceptable para cualquiera.


Establecimiento de conclusiones invalidas
Una mujer que ha tenido pocas citas puede decirle a un consejero que no es popular. Entonces revela que tiene una opinión pobre de sí misma. Puede hacerse aún otras afirmaciones derogatorias. Ellis llamaría a este tipo de razonamiento disfuncional, porque implica el establecimiento de conclusiones inválidas. En nuestro esfuerzo por obtener un panorama no distorsionado de nosotros mismos y de los acontecimientos que tienen lugar en nuestra vida, a menudo vamos demasiado lejos y sacamos conclusiones que simplemente no surgen de las pruebas. Una premisa puede ser válida (la mujer, de hecho, puede no ser popular), pero las deducciones que establece a partir de esta premisa pueden ser injustificables. E! resultado no sólo es una lógica deficiente, sino un estado emocional altamente trastornado y disfuncional. Si ella hubiera establecido las deducciones "apropiadas”, sus reacciones habrían sido totalmente diferentes.


Errores comunes del pensamiento
Ellis (1962; 1971) especifica algunos errores comunes del pensamiento que provocan reacciones emocionales fallidas y conducen a oraciones compuestas. Nuevamente, debe recordarse que las emociones siguen al conocimiento, y si la percepción e interpretación que hace una persona en relación con un acontecimiento es incorrecta, la experiencia emocional puede ser totalmente inapropiada. El estado emocional es apropiado para el tipo de pensamiento que tiene una persona, pero si el pensamiento es erróneo, las emociones que ocurren serán disfuncionales y conducirán a conductas irracionales, El pensamiento correcto es esencial para el control emocional. Aunque nuestras emociones dependen de nuestros procesos cognoscitivos cuando las emociones son intensas, podemos estar tan atrapados en nuestros problemas que no podamos razonar para enfrentarnos a ellos. Conocer algunos errores del pensamiento debe capacitarnos para protegernos de ellos.

Sobregeneralización
Un error común del pensamiento es sobregeneralizar a partir de cosas sencillas. Podemos concluir que somos un fracaso a raíz de un error particularmente doloroso. Razonamos en forma incorrecta de la siguiente manera: "Hice algo torpe; por tanto, soy un necio." Este es un ejemplo de sobregeneralización —sacar una conclusión injustificable de una ocurrencia sencilla. La tendencia a generalizar es más primitiva que la capacidad para hacer discriminaciones finas. Un error puede ser resultado de la falta de atención o de capacidad inadecuada, pero no debe tomarse como prueba de falta de autoeficiencia (Bandura, 1977), con ¡o que Bandura quiere decir seguridad en sí mismo.
Respecto de la tendencia a sobregeneralizar, Dollard y Miller (1950) han notado que las denominaciones verbales fallidas pueden ser su fuente. Una de nuestras funciones cognoscitivas más útil es el uso de símbolos lingüísticos para nombrar las cosas. Podemos nombrar incontables objetos, acontecimientos, experiencias, personas, emociones y muchas más. Si nombramos un acontecimiento incorrectamente, como al decir que una tarea es espantosa, reaccionaremos aja situación conforme al dictado de la denominación verbal. Si cometemos un error y nos decimos a nosotros misinos que fue estúpido que actuáramos de esa manera irracional, experimentaremos sentimientos negativos intensos sobre nosotros mismos. Dollard y Miller, llaman a esta forma generalización mediada, porque los sirven como mediadores cognoscitivos.
Los mediadores lingüísticos también juegan un papel significativo en la formación de discriminaciones apropiadas. Los seres humanos tienen una gran capacidad para hacer discriminaciones finas y para asignar denominaciones verbales con el fin de designar cosas específicas. Esta capacidad nos permite conocer los acontecimientos de nuestro mundo en gran detalle, así como en una pauta compleja.
Además de conocer nuestro mundo, Ellis subraya que .podemos asignar un valor a un acontecimiento, de acuerdo a una dimensión de penalidad, mérito o responsabilidad personal. Nombrar apropiadamente los acontecimientos nos protegerá contra la tendencia a sobregeneralizar o exagerar su gravedad. ¿Que tan grave es una abolladura en el guardafangos del automóvil? Depende de nuestro diálogo interno. Si hacemos "catastrófico" el acontecimiento (una tendencia que ocurre entre neuróticos, según Ellis) probablemente sobregeneralicemos su significado. Ellis observa que el neurótico por lo regular vuelve catastróficos los ¡lechos ordinarios de la vida diaria. Con esto quiere decir que los dominan mal y por consiguiente reaccionan exageradamente a las experiencias ordinarias de tensión (1975).


Pensamiento todo o nada
Otro error común del pensamiento es separar los acontecimientos en clases todo o nada. Es más difícil hacer discriminaciones finas que simplemente categorizarlos hechos en clases discretas. El amante defraudado dice: "Si no puedo tener todo tu amor, no quiero nada." El joven soñador dice: "El mundo es completamente perfecto, o es despreciable." El estudiante descontento afirma: "Debido a que una educación escolar no soluciona todos mis problemas, es inservible." Quizá nuestros esfuerzos para vivir serían más fáciles si las cosas fueran categorizadas nítidamente, pero pocas veces lo son. Hay grados de verdad, de deseabilidad, de justicia. Nuestros procesos de evaluación necesitan reflejar la dimensión de las cosas. De nuevo, utilizar los símbolos verbales apropiados para nombrar los acontecimientos J3uede ayudarnos a evitar el pensamiento todo o nada.


Interpretación en vez de descripción
Ellis distingue entre interpretar y manifestar nuestras experiencias. Podemos agregar elementos a nuestras percepciones de los acontecimientos que son irrelevantes o injustificables, y por consiguiente distorsionan completamente su significado. El proceso de percepción incluye la interpretación, debido a que los estímulos que llegan activan asociaciones previas. Sin embargo, los elementos cognoscitivos que agregamos pueden distorsionar tanto la percepción que representa más una interpretación que una percepción. Un trabajador puede describirse a sí mismo como sólo un obrero, afirmación que denota una categoría desfavorable. En este caso, el término sólo implica un juicio de valor; por tanto, la afirmación del trabajador es más bien una interpretación que una descripción de sí mismo. Podemos distinguir entre una manifestación objetiva y una interpretación subjetiva. El hecho es que, como hemos mencionado, toda la percepción implica interpretación, pero la cuestión es un asunto de grado de correspondencia.
Cuando interpretamos un acontecimiento, nuestro juicio por lo general lo dictan nuestros valores, nuestras experiencias previas, nuestras expectativas y otras variables cognoscitivas. Esas variables pueden hacer que cometamos errores graves en la interpretación. La simbolización correcta es esencial para precisar la percepción y la interpretación.


La correlación confundida con la causalidad
Un error común de! pensamiento es que dos cosas que ocurren juntas —o una después de otra— se relacionan como causa y efecto. Muchas supersticiones se producen por una vinculación accidental de acontecimientos no relacionados. La mala suerte puede seguir a una conducta o a un acontecimiento particular, y entonces se culpa a la mala suerte por esas ocurrencias. Una persona que está de mal humor puede culpar a la persona que se encuentra con ella. Los hijos de hogares destruidos a menudo se culpan a sí mismos por el divorcio. Un superviviente de un accidente puede experimentar un sentido de culpa por la pérdida de su amigo (Bettelheim, 1967). Una forma común del pensamiento correlacionado es culparnos a nosotros mismos por no tener suficiente control de nuestras circunstancias para prevenir o evitar problemas. Si experimentamos un estado emocional desagradable como resultado de un problema no resuelto, podemos culparnos a nosotros mismos aunque realmente no tengamos control sobre ia situación. En estos casos, una persona puede suponer, sin reconocerlo, que siempre está controlando sus circunstancias y por tanto culparse a sí misma innecesariamente cuando las cosas van mal.
Un ejemplo notable de la formación del pensamiento supersticioso ocurrió durante la Edad Media, cuando las personas enfermaban con frecuencia a causa de la ingestión de alimentos contaminados. La población judía de esa área no contrajo la enfermedad debido a sus requerimientos dietéticos religiosos. En consecuencia, fueron acusados de causar la epidemia, y en algunos casos fueron ahuyentados o asesinados como castigo. Nuevamente, nos enfrentamos a un error común de deducción lógica, pero para Ellis (1962) ese pensamiento falaz tiene consecuencias emocionales y motivacionales graves.
Los dialécticos han delineado desde hace mucho tiempo las diversas formas de pensamiento y razonamiento ilógicos. Ellis y Harper (1975) las relacionan con e¡ mal funcionamiento de la personalidad y la conducta. A! igual que Bandura, Rotter y Mischel, Ellis asigna un papel central a los procesos cognoscitivos en el funcionamiento normal y anormal.


Oraciones no expresadas
Ellis y Harper (1975) introducen la idea de oraciones no expresadas para designar suposiciones, valores o expectativas de las que no nos damos cuenta. Las oraciones no expresadas se refieren a creencias y suposiciones que una persona sostiene pero que no se las dice a sí misma o al terapeuta. No están en la conciencia inmediata de la persona. Una persona puede experimentar una emoción intensa sin conocer la causa. Asimismo, una persona afligida por su propia conducta y sus reacciones a menudo no puede verbalizar las razones para sí misma o para los demás. Freud hablaba de determinantes inconscientes de la conducta en dichos casos; Ellis los ve como falta de conciencia de suposiciones ocultas. Las verbalizaciones internas de la persona no están completas. Nuestras secuencias de pensamiento y razonamiento a menudo están abreviadas e incompletas. Analícese esta afirmación "Estoy enojado porque no obtuve una buena calificación para este curso." Hay muchas premisas no expresadas, las cuales, si se declararan explícitamente, podrían alterar por completo las reacciones de la persona. Por ejemplo: "Merezco sólo buenas calificaciones en todos los cursos, pero no recibí una buena calificación en éste." "Siempre que no obtengo lo que deseo, me enojo con alguien más." "El enojo es una forma apropiada para responder ante los contratiempos." "Lo único que importa en la escuela es obtener buenas calificaciones." Podemos encontrar otras deducciones de la simple observación del estudiante. Uno de los primeros psicólogos cognoscitivos, T.V. Moore (1939), describió este tipo de razonamiento como premisas no declaradas. Ellis y Harper (1975) se refieren a ellas como oraciones no expresadas.
Una persona puede estar muy trastornada en las relaciones con sus padres y tal vez no entienda la razón ni sea capaz de controlar sus reacciones. La oración interna no reconocida por la persona puede ser algo como esto: "Mis padres son realmente injustos porque me tratan como un niño." Como habíamos mencionado en el ejemplo de la calificación deficiente, en realidad hay diversas oraciones no expresadas en esta situación. Un hábiio intenso de no ser crítico de los padres puede bloquear la conciencia de la persona acerca de esas suposiciones no reconocidas y no expresadas.
En las áreas sensitivas, nuestros procesos de pensamiento y razonamiento pueden estar muy incompletos y distorsionados (Ellis 1973). La tarea principal de la psicoterapia racional emotiva es traerá la conciencia las creencias y suposiciones ocultas y ayudar al paciente a contrarrestarlas, refutarlas o desafiarlas. Probablemente, la irracionalidad del pensamiento y el razonamiento de una persona puedan experimentarse con claridad, condición que fomenta el cambio. El proceso de cambio requiere reestructuración cognoscitiva (Ellis y Harper, 1975). La persona logra apreciar la irracionalidad de sus expectativas y trabaja para modificarlas. La conciencia plena del proceso del pensamiento ayuda a lograr el cambio en la conducta (Ellis, 1962).
Muy frecuentemente respondemos de manera automática a situaciones sin percibir siquiera nuestras suposiciones subyacentes. Las oraciones internas "cuando no son expresadas impiden el manejo de sí mismo debido a que reaccionamos y actuamos basándonos únicamente en información parcial o distorsionada. La sobreacción emocional con frecuencia se debe a este tipo de cognición trastornado (Ellis, 1974).
Otra consecuencia de las premisas, suposiciones y creencias no reconocidas es que nuestras verbalizaciones internas no reflejan en modo alguno el estado o problema real que estamos describiendo. Las personas que presentan problemas emocionales graves o incluso las personas relativamente normales que se encuentran bajo tensión pueden encontrar difícil revelar los problemas y sentimientos verdaderos que están experimentando. La clasificación es un aspecto clave de la terapia que intenta fomentar la perspicacia. Lo que la persona se dice a sí mismo o le dice al terapeuta con frecuencia es un retrato inadecuado de las condiciones verdaderas.


Suposiciones y creencias no expresadas
Ellis, igual que los demás teóricos que hemos considerado, elaboró un poderoso postulado y lo desarrolló extensamente. Ha notado con frecuencia que nuestras emociones siguen a nuestros conocimientos. Si nos dedicáramos a una actividad ^cognoscitiva disfuncional, experimentaríamos reacciones emocionales desadaptativas que nos conducirían a una conducta fallida. Lo que nos decirnos a nosotros mismos sobre nosotros mismos y los hechos que nos rodean y los que están dentro de nosotros, influyen la manera en que sentimos y nos comportamos. Citando a Ellis y Harper: "Usted puede controlar considerablemente su propio destino y vida de manera más eficaz con sus emociones por medio del control de su pensamiento y de las cosas que se dice a sí mismo. Hay ciertas ideas irracionales que no sólo debemos desafiar, sino que debemos trabajar para contrarrestarlas" (Ellis y Harper, 1975, capítulo 20).
Si la conducta y las emociones fallidas dependen del pensamiento y el razonamiento fallidos, entonces podemos preguntarnos sobre las fuentes del pensamiento fallido mismo. ¿Qué hace que falle nuestro pensamiento? Ellis afirma que una causa principal son las creencias y suposiciones falsas que no se han reconocido. Intenta identificar algunas suposiciones erróneas comunes en su libro de 1975. Debemos tener en cuenta que cada persona tiene sus suposiciones y creencias únicas, pero algunas son bastante comunes. Indudablemente, las suposiciones y creencias de las personas de otras culturas y de otras épocas serían diferentes. Un enfoque racional de la vida requiere que estemos conscientes de esos constructos cognoscitivos ocultos y que los contrarrestemos.


Creencias y suposiciones características no reconocidas

1. Debemos ser amados y aprobados por casi todas las personas que conocemos y encontramos. No caerle bien a los demás significa que tenemos una debilidad o un defecto.
2. Debemos ser altamente competentes, adecuados y exitosos en todos los aspectos posibles si queremos pensar bien de nosotros mismos.
3. Tenemos derecho a esperar que nuestros amigos demuestren su lealtad y su simpatía por nosotros, y debemos enojarnos o disgustarnos cuando no llenan esas expectativas. Las personas importantes para nosotros deben satisfacer nuestros ideales perfeccionistas.
4. Estamos justificados para pensar que es terrible o catastrófico cuando las cosas no son lo que queríamos que fueran.
5. Estamos justificados para creer que somos víctimas de las circunstancias externas y que no podemos hacer mucho acerca de nuestra suerte en la vida.
6. Si algo es potencialmente peligroso o problemático, debemos mantener nuestros pensamientos constantemente centrados en el problema hasta que podamos cambiarlo.
7. Debido a que no podemos ser buenos en todo, debemos evitar ciertas dificultades de la vida. Tenemos muchas limitaciones en comparación con las habilidades de los demás.
8. Nuestro pasado es el determinante más importante de nuestra conducta presente. Cualquier cosa que haya afectado intensamente nuestra vida será para siempre un problema y una debilidad. No podemos superar algunas cosas del pasado.
9. Todos y cada uno de nuestros problemas-tienen una solución, y es catastrófico si no hallamos esa solución. Comprometerse y aceptar menos de lo que deseamos son debilidades. Si no solucionamos todos nuestros problemas, seremos culpables (Adaptado de Ellis y Harper, 1975, capítulo 20).2


Nota: Ellis presenta su sistema en un formato simplificado (A-B-C-D), en el cual: A es la condición activadora, el hecho, como una defensa abollada o el rechazo de una cita. E es el sistema de creencias de la persona (que entra en la interpretación de la importancia del hecho. C son las consecuencias que resultan del proceso interpretativo, la conducta disfuncional. D es el proceso terapéutico de refutar el sistema de creencias.

Tags: ellis, racional, emotivo

Publicado por PRK @ 11:23  | Biografias
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